Carta 1

A veces lanzamos nuestras incertidumbres al universo, o buscamos consejo de una voz amiga que nos dé respuesta, que nos ayude a resolver nuestras dudas, reconforte nuestros pesares, despeje nuestras incógnitas, o nos dé un aliento de esperanza…

Eso son las cartas al futuro: una oda a la esperanza, que nos de las pistas para seguir el camino de baldosas amarillas, un camino hacia un futuro mejor, que es posible.

Hoy nos escribe nuestra amiga A. y aunque en una primera lectura, se me encoge el corazón al leer sus palabras, pongo el modo amor en “on” y me resuelvo a responderle…

<< Querida Miss Prosperity, Hace tiempo que estoy triste, no entiendo porqué no soy capaz de ponerme en primer lugar, de poner mis necesidades por delante de las de los demás. Gracias por tu trabajo. Es un básamo en mi vida. Un abrazo, A.>>

Querida amiga,

Gracias por tu honestidad al escribirme.

Puedo sentir tu tristeza: me invade por dentro hasta hacerme brotar lágrimas por los ojos, que nacen en el centro mismo de mi corazón, porque tu tristeza y lo que me cuentas, me llega de tantas y tantas mujeres que aparentemente están tan enteras detrás de una máscara de “yo puedo con todo”, incluso yo misma me he visto en ese lugar y puedo compartir, en primera persona, tu historia.

Valoro también tu valentía, no todo el mundo es capaz de sostener la tristeza y es importante sentirla. Sólo dejándonos sentir podemos caminar hacia lugares más sanos y amorosos. Un lugar de autocuidado para nosotras mismas, pasa por dejarnos sentir. Y a veces no es fácil.

Como no lo es el tema de priorizarnos en nuestras vidas. Como mujeres, hemos desarrollado durante años el papel de cuidadoras, hemos estado “por y para otros” siempre en un papel secundario, servicial, postergando nuestras vidas, necesidades, deseos.. para satisfacer los de otros (padres, hijos, pareja… y así un largo ect. que se puede extender de forma ramificada)

A veces incluso hemos utilizado ésto como un valor moneda que creímos que podía comprar amor, cuando en realidad lo único que hacía era hipotecarnos en relaciones de dependencia, en las que damos, y damos, y damos para ser queridas, hasta que nuestros límites son tan difusos que los perdemos y con ellos nos perdemos a nosotras mismas.

Por eso, quizás es importante empezar a pensar no en los “porqués” que nos llevan a tener determinados patrones de comportamiento, sino en los “para qué” ¿Para qué antepongo las necesidades de otros a las mías? ¿Para qué doy todo (y cuando digo todo digo hasta la extenuación, hasta que me agoto, hasta que me pierdo, hasta que me enfermo, hasta el límite de entrar en carencia por satisfacer las necesidades de otras personas)? ¿qué consigo priorizando la vida de los demás a la mía propia?

Sólo desde ahí podremos empezar a encontrar respuestas.
Recibe un cálido abrazo,
Miss Prosperity.

By | 2017-07-03T19:26:56+00:00 Junio 28th, 2017|Cartas al futuro|0 Comments

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